lunes, 6 de julio de 2015

6 de Julio (I)

La cancha de Racing desde el 100, qué diferencia hay entre este bondi y tu balcón? Que quizá este colectivo tenga destino, a diferencia de vos, que sos como ese tren al que te subís y no sabes en que estación bajar.

No llegaste a ser mi domingo a la tarde, que de repente, sin darme cuenta, te convertiste en ese escalofrio que me recorre cada vez que recuerdo tu piel; tengo tu cara grabada a fuego, como esa eterna ceguera, en mis ojos. Sos esa canción que no paro de tararear una y otra vez.
Hace poco me preguntaron si no me daba miedo cruzarte por la calle y no supe que contestar.
Es miedo? Miedo a verte o miedo a volver a sentir esas cosas raras que sentía en el estomago cada vez que te veía llegar? Esa ansiedad de saber que te iba a poder abrazar una vez más. Esa adrenalina de besarte, besar esos labios con gusto a tabaco.


6 de Julio (II)

Hoy iba caminando por la calle y de repente, en un viento frio de invierno, de esos que te dan ganas de estar en casa, sentí tu perfume volar.
Ilusionado, me di vuelta pensando que ibas a estar parado, ahí, en esa esquina, esperando con tu campera negra, tus zapatillas converse negras, tu jean azul, tu gorrito y el cigarrillo de tábaco recién armado.
Pero no. Eso no era. Eso no estaba sucediendo.. Sin embargo, las cosas que no suceden (o creemos que no) no están sucediendo cuando las contamos, hayan sucedido o no? O quizá, todo esto es una forma de consuelo que encuentro. Qué sé yo!
Hay una cosa que sí sé, que sí puedo saber de manera certera. Y es que vos, relatándote o no, no sucedes.


6 de Julio (III)

Qué es esto que tengo acá? Esta molestia.. parece dolor, pero.. a ver. No, no es dolor. Qué es entonces?
Es como que hay alguien haciendo un nudo con mis tripas, sos vos? No, no creo..  Si vos una vez juraste no lastimarme. No podes ser vos, o si?
Será que me querías tanto que te dio miedo?
Lo único que tengo cada vez que pienso y repienso lo que pasó son preguntas, incertidumbres. Sigo sin saber que es esta cosa que me molesta y vos sin saber que todas estas líneas son para vos. Bah, en realidad no son para vos, vos lo único que hiciste (y lo hiciste muy bien) fue despertar todo esto. Las palabras son para el que las quiera tomar. Una vez escritas dejan de ser mías. Son tuyas, que las estás leyendo. Ahora son, quizás, de la señora que está sentada a mi lado, si ella las quiere.
Estoy recorriendo el puente Pueyrredón, ese que más de una vez recorrimos juntos. Los dos.
Y cuál es el puente que ahora nos separa? Que corre por debajo? Todo lo vivido? O todo lo que pudimos haber vivido? Es tan corto y tan largo a la vez.
Espera! Creo que es eso lo que tengo acá… Sí! Es eso! Pero lo toco y no duele, es como una cascarita pero no pica, no nada. Está ahí, como tratando de hacer que recuerde algo todos los días. A ver.. si la veo más de cerca tiene la forma de tu cara, de tu risa, de tu cuerpo. Pero si vos habías dicho que no me ibas a lastimar. Qué haces acá? La herida.

Amarte fue como abrazar una brasa encendida. Hoy sos ceniza de un fuego que alguna vez fue. Sin embargo ahí estas (estas pero no sucedes) dentro y fuera mío.

viernes, 3 de julio de 2015

30 de Junio

Hoy hace exactamente un mes, me prestabas Operación México. Hace un mes, nos tomábamos nuestro primer fernet.
Hoy terminé Tucho, Operación México o lo irrevocable de la pasión.
La pasión irreversible.
¿Dónde quedaron esos besos de noche? ¿Dónde se perdieron esos abrazos clandestinos? ¿En qué esquina los dejamos?
¿Dónde quedó todo ese amor que alguna vez proclamaste tener? ¿Acaso no es que el amor vence al odio?
Hoy ya no nos une nada, ni siquiera las páginas del libro. Sin embargo, aún las cadenas que me unen a vos están intactas, aún te siento. Todavía pienso que voy a llegar a Lavalle 50, que bajas a abrirme y que arriba esta Hono agazapado esperando para tirarme un arañazo. (El amor del ascensor). Todavía siento esos besos en el comedor mientras me decías que me extrañabas. En qué callejón quedó todo eso?
Sin darme cuenta te convertiste en esa herida que uno olvida que está, hasta que la vuelve a tocar.

domingo, 28 de junio de 2015

Me sometí a que todas las voces fueran tu voz, a que todas las espaldas fueran tu espalda.
En el Roca a Lanús la vida se mide de a estaciones, latas de birra y rostros cansados.
La maquina del sistema devora cerebros, es el matadero donde se faena la vida. La palabra pierde fuerza y lo especular se torna primario. Hoy ya no somos nuestros, nuestra imagen ya no nos pertenece.
Somos la carne putrefacta, los restos de algo que alguna vez fue un ser corpóreo. El sistema nos devora por dentro sin que nosotros nos demos cuenta, come cabezas y al mismo tiempo las llena de nada. Nos convertimos en un objeto que depende del control constante; todo el tiempo queremos tener el control sobre el otro pero sin que el otro se dé cuenta. Observamos sin ser observados, el panóptico de la vida como la conocemos. Queremos tener el control del cuerpo y de las acciones del otro y sin darnos cuenta ese control se sale de control y nos termina controlando a nosotros.
El sistema come, devora y aniquila. El sistema es despiadado, no perdona. El sistema te viola sin que vos te des cuenta, te pega todos los días, te deja marcas y no las ves.

El sistema. El control. 

sábado, 27 de junio de 2015

El recuerdo de tu voz, la sensación de sentirte dentro mío. La cancha de Racing decora el paisaje que se aprecia desde el balcón. Avellaneda nunca se apaga.
Los besos en el ascensor, ese amor que duraba 10 pisos. Las charlas esperando el colectivo, las peleas con las piernas que hacíamos en el viaje.
La risa infantil, tierna e inocente que tenías cuando te hacia cosquillas. Esa cosa de esconderte debajo de la remera.
Tu indecisión a la hora de vestirte para salir, tus pantalones nuevos, tu placard lleno de camisetas de la Academia.
Las copas de vino, el fernet de las 3 de la mañana. Los besos en la mesa interrumpidos por Hono. El brillo de tus ojos rojos y lo colgado que te ponías cuando fumábamos.
La mañana del día siguiente, la fiaca en la cama y el abrazo eterno.
Las sabanas eran nuestra jaula.
Los mates de desayuno del domingo. Tiempo Argentino y Página/12. Mercedes sosa y su Cantora. La despedida.

El próximo diluvio te vuelvo a ver.
Una hoja en blanco que lleva la mancha de la ceniza de un cigarrillo que acabo de encender.
Sigo sin poder hallar ese amor que no genere dolor, es un proceso de autodestrucción constante. Será que me encanta el sabor del dolor, será que encuentro alivio en el saber que no me queres. Sigo buscando excusas y justificándote, recogiendo pedazos de viejos dolores te encontré. Porque este dolor no es tuyo, no te pertenece, son heridas que siguen ardiendo en la carne y penetran hasta los huesos. Es sangre ya derramada.
Sos ese nudo en el pecho que anuncia lo inevitable.
Mi vida se basa en eso, en enamorarme del no amor. Amar a una sombra, amar a la nada misma.

Un espejo en el que del otro lado no hay nadie. Sos una construcción que nació de lo destruido.
Las noches de Gibraltar en San Telmo. El amor del escabio y el faso, la indiferencia del día siguiente. La resaca de la resurrección. Todavía puedo sentir tu sabor en mi boca, tu perfume en mi ropa.
Aylen de 12 años me dice que estar enamorado de alguien es querer proteger a la otra persona, pero que pensar todo el día en ella es una obsesión.
El no amor.
Que no me mandes un mensaje todo el día, también es un mensaje.

La pasión desmedida, el amor unilateral. La paranoia de la soledad.

viernes, 19 de junio de 2015

La infinidad del espacio. La ausencia de toda fuerza.
Un beso, un abrazo. Tuyo, solamente tuyo.

Me vuelvo un gran envase de nada cuando me dejo encadenar al escuchar susurrar el idioma del cielo y del sol. Una sensación, un momento. El caos de la lujuria, la biopolítica de nuestros cuerpos. ¿Cómo explicar este doloroso placer?
El fernet que dejamos en la mesa se entibia, al igual que el aire que respiramos. El amor incompleto. La mirada cómplice del silencio que nos sentencia. Nadie dijo nada, las calles de Avellaneda ya hablaban por los dos.
Al fondo Pajaritos Bravos Muchachitos.. “Si lo mejor de los mejor del amor, Dios siempre se lo quedo para el.”
Eramos una gran masa de fuego que jamás paraba de encender. Una llamarada avivada por el roce de nuestra piel.  Mi ser temblaba y sucumbía ante semejante hervor, mis piernas se aflojaban cada vez que sentía tus manos recorrían mi espalda, que tu respiración cantaba dulces melodías al oído, que tus labios paseaban como un laberinto por mi cuello. Esa fuerza que se generó me eleva. De repente, había una sola piel, la nuestra.
Hay algo en vos, una perfección inexacta que distorsiona lo real.

-Cómo te dicen?  Guido o Agustín?
-Como más te guste.

Ahí, sin darme cuenta, me entregué en cuerpo y alma.